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El ascensor como un elemento determinante del envejecimiento activo

Una de las grandes problemáticas sociales de nuestro tiempo es el envejecimiento de la población. El aumento de la esperanza de vida no se refiere sólo a vivir más años, sino también a vivir esos años con autonomía y bienestar en sociedad. Desde este punto de vista la accesibilidad del entorno construido es clave, de ahí la relevancia del ascensor como un elemento básico para el envejecimiento activo.

Mujer embarazada ascensor

Accesibilidad y autonomía personal

Subir y bajar escaleras puede convertirse en algunas personas mayores en una dificultad diaria. La movilidad, el equilibrio o las enfermedades crónicas convierten en un esfuerzo físico y mental incluso las acciones cotidianas como salir de casa. La existencia del ascensor permite eliminar dicha dificultad, y permite a las personas mayores seguir disfrutando de su independencia, de desenvolverse por sí mismas, sin tener que depender de los demás. La autonomía es uno de los componentes principales del envejecimiento activo. Poder decidir en qué momento salir, hacia dónde querer ir, qué participación se quiere tener en la vida social tiene un impacto directo en la autoestima y, en definitiva, en la calidad de vida.

Prevención del aislamiento social

La falta de accesibilidad en los edificios es una de las principales causas del aislamiento social entre las personas mayores que, cuando salir de casa se convierte en una actividad compleja, cada vez deciden realizar menos actividades sociales, médicas, etc. El ascensor está claro que ayudará en la vida social: ayuda a mantener las rutinas, a participar en las actividades comunitarias, a relacionarse con los vecinos y los familiares, en definitiva, a mantener una actividad social con el medio. Así, el ascensor ayuda a combatir la soledad no deseada, uno de los grandes problemas asociados al envejecimiento.

Seguridad y bienestar

La seguridad y bienestar es algo que está muy presente en nuestras vidas. Las escaleras, en cambio, pueden ser un gran riesgo de accidentes. Este riesgo es más evidente en las personas mayores, que son más propensas a sufrir consecuencias graves. Un ascensor moderno, que siga las premisas del mantenimiento y que contemple aspectos de accesibilidad (puertas automáticas, pasamanos, botones a una altura determinada, señalización, etc.) puede ayudar a aminorar este riesgo de manera significativa. En adición, la seguridad física se ve influida directamente por el bienestar emocional. Sentirse seguro en casa y en el edificio donde se vive le ofrece tranquilidad y confianza, dos de las claves para llevar una vida activa.

Mujer en silla de ruedas

 Permanecer el máximo tiempo posible en el hogar

Uno de los objetivos del envejecimiento activo es el de garantizar que las personas mayores permanezcan en su hogar el mayor tiempo posible, evitando de esta forma institucionalizaciones prematuras. Es aquí donde entra a jugar, el ascensor, adaptando el ambiente a nuevas necesidades, sin necesidad de cambiar de lugar. Esto no afecta tan solo a la persona mayor, sino también a su familia y a la sociedad en su conjunto al disminuir la utilización de costosos recursos asistenciales. Un beneficio para toda la comunidad Suele pensarse que el ascensor es sólo para personas mayores, pero su instalación y uso se convierten en una ventaja para cualquier miembro de la comunidad: personas con movilidad reducida, familias con carritos de bebés, personas con lesiones temporales, repartidores, etc. La inversión en ascensores es una apuesta por edificios más inclusivos, sostenibles y preparados para el futuro.

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